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Un año más se acerca uno de los momentos clave en la ciudad de Toledo: la Semana Santa. Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, la convierte en una de las festividades únicas de la ciudad de Toledo junto al Corpus Christi y que atraen la atención de miles de visitantes, de ahí que no sea tarea fácil encontrar un buen lugar para contemplar los pasos procesionales. A continuación ofrecemos algunas recomendaciones, así como pinceladas, de lo que podremos ver  en Toledo durante estas fechas. 

También en Toledo en unos días celebraremos una de las fiestas más divertidas del año: el Carnaval. Esos días dejamos espacio para la alegría y la diversión y para olvidarnos un poco de los problemas y las preocupaciones. Y qué mejor momento, para conocer de dónde viene esta fiesta que desde hace mucho tiempo se celebra antes de la Festividad de Semana Santa. El Carnaval es la puerta que nos abre paso a la Cuaresma.

Se acerca la Navidad, una fecha entrañable en la que nos reunimos con nuestros familiares, amigos y aprovechamos para descansar. También para hacer turismo, como no. Una opción interesante es visitar la ciudad de Toledo, que se engalana con luces y guirnaldas, y que te hace sentir el verdadero espíritu de la Navidad. Vamos a aprovechar para hablar de curiosidades que alberga la Navidad y que muchas de ellas guardan relación con nuestra ciudad, Toledo.

Acabamos de iniciar el mes de noviembre e irremediablemente nos sumergimos en el oscuro y frío invierno y en una parte del año que desde la antigüedad se celebraba y festejaba tradicionalmente. El mes se abre con el día de Todos los Santos, le sigue el de los Difuntos y especialmente estos días volvemos los pasos hacia los lugares donde se encuentran aquellos que hemos perdido, nuestros muertos. Por este motivo compartimos una curiosa noticia que hemos encontrado en el diario «La Autonomía», en octubre de 1883.

Es curioso como la sociedad ha ido modificando la manera y lugar de enterrar a sus difuntos y aunque la historia nos cuenta que en época romana la costumbre era enterrar a los muertos fuera de las poblaciones, a medida que pasó el tiempo, los cementerios se fueron acercando a las urbes. En un principio estuvo prohibido enterrarse dentro de las iglesias, pero se comenzó a hacer excepciones con personajes muy concretos como reyes, obispos, priores, maestres, etc., y poco a poco casi todos los vecinos serían enterrados en los cementerios parroquiales y en las capillas de las iglesias.

En el siglo XVI, sería Lutero el que propusiera volver a la costumbre antigua de enterrar los cadáveres fuera de las ciudades, motivado sobre todo por la sanguinaria epidemia de peste que asoló toda Europa. Pero hasta finales del siglo XVIII no se comenzaría a regular y ordenar que los cementerios fuesen construidos extramuros de las villas y poblaciones1. En el caso de Toledo hasta 1836 no se construiría el nuevo cementerio de la ciudad.

Pero no sería la primera vez que los toledanos se enterraran fuera del casco antiguo de la ciudad. Históricamente podemos afirmar que toda la zona alrededor de las murallas toledanas fue un gigantesco cementerio, que diferentes culturas como la romana, visigoda, islámica, cristiana y judía fueron reutilizando a medida que necesitaban enterrar a sus gentes. Estos cementerios se fueron adaptando y modificando, pero siempre situándose cerca de las entradas a la ciudad, es decir a sus puertas.

En Toledo se tienen documentadas diversas necrópolis en la zona del Circo Romano, cerca de la Puerta del Cambrón, de la de Bisagra, en la zona de la Reconquista, en el barrio de San Lázaro y en el conocido «Cerro de la Horca», donde se ha podido ubicar uno de los principales cementerios judíos de Toledo2.

Alrededor de los cementerios, de la forma de enterrar, del ritual y ceremonia de los mismos, hay toda una tradición que la sociedad va a ir modificando según los tiempos y la influencia de la propia iglesia católica.

Historias truculentas, episodios siniestros y pasajes terroríficos siempre han abundado alrededor de los cementerios. Lugares evocadores, románticos si cabe, donde la imaginación y la pluma de muchos autores se ha desbordado para ubicar en ellos historias con finales no demasiado felices. Como se suele decir, a veces la realidad supera la ficción y para ello hemos recuperado una noticia referente al guarda de un cementerio toledano, aparecida en un diario de 1883 titulado «La Autonomía», cuyo texto reproducimos literalmente:

«El guarda del cementerio de Toledo se dedicaba a cebar una manada de cerdos, que luego vendía, llamando la atención del vecindario, por ser los mejores que se presentaban en el mercado.

Hace pocos días vieron unos muchachos algo extraño en el depósito general, y dando aviso, llegó al cementerio un inspector de policía, pidió la llave del depósito, que le fue entregada después de gran resistencia, y se encontró la manada de cerdos cebándose en los cadáveres que allí había.

Fue el guarda inmediatamente puesto a disposición de la autoridad y los cerdos quemados en la vega.»3

Como vemos, también en nuestros antiguos cementerios toledanos se han producido en algún momento, historias cuantos menos sorprendentes, que tienen como protagonistas a nuestros difuntos y en este caso también a sus propios cadáveres.

José García Cano

Noticia cerdos cementerio Toledo——

1. Real Cédula de S. M. y Señores del Consejo, en que por punto general se manda restablecer el uso de Cementerios ventilados para sepultar los Cadáveres de los Fieles, y que se observe la ley II, tit. 13 de la Partida primera, que trata de los que podrán enterrarse en las Iglesias; con las adiciones y declaraciones que se expresan. Año 1787. En Madrid: En la Imprenta de Don Pedro Marin.

2. Ruiz Taboada, A.: La necrópolis medieval del Cerro de La Horca en Toledo. Sefarad, Vol. 69:1, enero-junio 2009, págs. 25-41.

3. “La Autonomía. Diario Republicano Democrático Federalista”. Fecha: jueves, 18 de octubre de 1883.

A lo largo del siguiente artículo, vamos a dar un paseo por los principales hospitales que existieron en la ciudad de Toledo y de los que ahora, en muchos casos, nos queda un pequeño recuerdo.

Compartiremos en este blog artículos de investigación histórica sobre Toledo que puedan ser de interés. Comenzamos con un interesante artículo sobre «La Estatua Hechicera»

En la revista ilustrada «Toledo» del 24 de octubre de 1915, núm. 13, en un artículo titulado «La Cueva de San Gil» referí un hecho histórico acaecido a este santo, religioso en un monasterio de Santarén (Portugal). La cueva de referencia era uno de los subterráneos del derruido palacio del Marqués de Villena, incluido al presente en el jardín de la llamada Casa del Greco.

En tales antros se dice estuvo instalada la Escuela de la Magia Negra o Nigromancia –Negra ciencia- durante la edad media.

Los encantos, los hechizos, los brebajes milagreros, las pócimas propiciatorias y otras brujerías por el estilo, se hallaban en boga en aquellos tiempos y los talismanes, los ídolos hechiceros, las bebidas y las cintas, eran por lo tanto cosas de uso casi general, corriendo parejas en importancia y respeto con las medallas, escapularios y reliquias religiosas, tanto en los palacios y casonas, como en los tugurios del pueblo crédulo por atavismo y de arraigada fe.

II

Al retirar el escombro de acarreo que ocultaba la entrada antigua de la ciudad de Toledo por la puerta árabe contigua y frontera del Puente Al-kantara, ha sido hallada una escultura hechicera que reproduzco en su tamaño natural, fraccionada por su cintura.

Está construida esta figura con barro común, teniendo su cara bien compuesta con cabeza tosca y erguida y el cabello descuidado: su actitud es severa, dominante, imperativa y hasta retadora, mirando hacia la derecha.

Sus brazos, toscos también, verticales, y sus antebrazos informes van a hacer juntar las que debieran ser manos, sobre el final o base del tórax.

Lo más delicadamente trabajado en esta estatuilla –y hasta parece moldeado- es la cara.

Por el tamaño, la forma, la actitud, la materia de que está hecha, por su aparición entre fragmentos de vasijas Toledanas de baño amarillo que parece dorado, como dice Lucio Marineo Sículo en su obra de cosas memorables de España, y de otras de labor netamente mudéjar, colegimos que puede ser una estatua hechicera o idolillo mágico medieval; fetiche español hechizado, de cuyo género de objetos nada que sepamos se ha descubierto en nuestra ciudad hasta nuestros días, siendo por lo tanto la obra de alfarería que nos ocupa, digno de conservarse en el Museo donde ya se encuentra.

Fotografía de Rodríguez.

La estatua hechicera de Toledo

Toledo ha sido una ciudad en la que lo «oculto» ha permanecido latente hasta nuestros días, y en la que la pervivencia de lo fantástico ha sido evocada hasta la saciedad. Desde esta perspectiva no es de extrañar que entre los vericuetos y rinconadas de nuestras callejuelas se puedan adivinar reminiscencias de símbolos ancestrales, que nos hagan viajar por la historia hasta cualquier época, y tampoco resulta raro que, para descifrar estos símbolos, algunos prestigiosos investigadores de «lo mágico» y «lo toledano» se afanen en estudiarlos para mostrarnos las claves iniciáticas o mistéricas de herméticos mensajes que permanecen escondidos en nuestra urbe.